Vergüenza del origen



Pocas cosas tan patéticas como renegar del origen.
La propaganda del candidato colorado Pedro
Bordaberry es más lo que oculta que lo que pregona.
Los jefes de campaña de Bordaberry apuestan a esconder tanto su origen familiar, como el político. Pedro es hijo del presidente uruguayo devenido a dictador títere, Juan María Bordaberry. Es candidato por el partido Colorado que obtuvo el 10% de los votos luego de gobernar durante una de las peores crisis que conociera Uruguay.
La estática callejera está resuelta, basándose en las premisas anteriores (el apellido y el partido frenan al candidato) de una forma burda, hasta pueril.
Plantea dos modelos de afiches con pequeñas diferencias.
En el dirigido a sus correligionarios, los colorados, aparece su rostro de hombre rudo recortado sobre un fondo rojo acompañado de letras blancas para su consigna y nombre de pila y debajo de éstos el apellido en negro que cuesta diferenciar del fondo.
Debajo en una chapa celeste (colores del Partido Nacional) se lee intendente.
El dirigido a los blancos, sobre todo a los herreristas (ala derecha del partido) se muestra recortado sobre un cielo celeste y en lugar del apellido escriben por Montevideo. La chapa en este caso es colorada.
En ninguno de los dos carteles aparece el partido o la lista que representa. No es un detalle menor se se pertenece a un partido de más de 100 años.
Sin dudas Bordaberry será votado por muchos herreristas, ya que se muestra como un administrador eficaz y decidido, con empuje y camisetero (valores muy apreciados por la derecha en retirada) pero reduce la voz pública de su partido. Lo aisla más del debate político por la capital de Uruguay.
Estos carteles parecen concebidos desde la mercadotecnia y no desde la propaganda política que debe mirar más allá de vender o no el producto.
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