El cajero sitiado

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Tres hombres pertrechados con chalecos antibalas, dos portan metralletas y el restante una escopeta recortada, bajan de un camión blindado.
De un automóvil salen otros dos hombres enchalecados y armados con revólveres. Rápidos y automatizados piden permiso, corren a la gente y rodean al cajero automático. Otro hombre baja con una caja blindada para reponer el dinero en el cajero. Puede ser cualquier hora del día, cualquier punto de la ciudad, alrededor pueden haber hasta 50 personas o 200 como sucedió durante el pago de los profesores de secundaria.
Este despliegue, al estilo comando militar, es de las situaciones más violentas con las que convivimos a diario en Montevideo.
Montados luego de que una superbanda asaltara unos blindados de transporte de valores, han aprovechado para quedarse y demostrarnos que la inseguridad podrá acosar a todos menos al capital.
¿Qué sucedería si otra superbanda ataca al blindado?¿Empezará el gigante de la recortada a repartir cartuchos en plena avenida montevideana?¿Se verán como Pacino y De Niro en Fuego contra fuego?
Los guardias están allí, las armas están allí y los ahorristas esperan, junto a la boca de la recortada, poder cobrar sus sueldos, no pueden ir a otro cajero o alejarse y perder su lugar en la cola. Siempre ha sido así y nunca ha pasado nada, han aprendido a convivir. Si bien no les parece lógico, les parece inevitable este estado de emergencia.
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