EEUU afirma que mató al personaje

Carlos Faguaga — Periscopio

Cuarenta minutos de transmisión en vivo (poco más que Los Pingüinos de Madagascar y poco menos que CSI Las Vegas) afirmó Barack Obama que duró la operación comando que mató a Osama Bin Laden. Solo él y el grupo de asesores que aparecen en la foto mirando la cobertura exclusiva pueden contarlo.
Para peor su relato es pobre (básicamente repetir se hizo justicia), de manual, pero eficiente como arma. Así conciben la comunicación, como el instrumento más preciso para construir un contexto y subtexto donde su sólo testimonio resulte válido.
 “Un imaginario (estadounidense) que se nos ha impuesto a sangre y fuego, obligándonos a aceptar ya no sus ideales o justificaciones, ya no sus procedimientos, sino algo cuyas consecuencias son peores: su rotunda instalación en el territorio de lo testimonial como verdadero”. Nos enfoca la columnista de uy.press, Soledad Platero1, mientras los medios informan que encontraron pornografía en la computadora de Bin Laden.

Es más o menos así
Pero incluso los testimonios de quienes aparecen en la fotografía deben tomarse con pinzas, pues al parecer la transmisión de video falló. El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Leon Panetta, dijo a la televisora PBS “una vez que los equipos ingresaron al recinto, hubo un período de 20 o 25 minutos en los que realmente no sabíamos lo que estaba pasando”. Esto nos confirma claramente que no existe un proveedor de cable confiable.
El abogado británico en derechos humanos Geoffrey Robertson dijo a la cadena noticiosa BBC que la afirmación del mandatario estadounidense sobre que se hizo justicia “constituye un uso completamente incorrecto del lenguaje”.
¿Qué tenemos? Quince minutos de transmisión en directo, un equipo de superejecutores descriptos como el punto más sofisticado de la evolución militar, una mansión baleada de la que los periodistas recalcaban que tenía pocas ventanas, un helicóptero derribado, una mujer muerta por ser utilizada como escudo humano que está internada en Pakistán herida en una pierna, una foto mal trucada de Osama con media cabeza volada, infografías tipo comic que nos contaban el operativo y otros infografistas que denunciaban a estos gráficos como poco rigurosos ,  videos de un Osama viejo y cansado y una prueba de ADN.
Por sobre todo tenemos un personaje muerto, ese es el impacto de esta novela negra, mataron al personaje, lo envolvieron en un manto blanco y lo tiraron al mar.

Y también así
“¡Aguante la ficción!”, gritaba eufórica María Valenzuela cuando recibía su Martín Fierro hace 11 años y es tentador tomar la anécdota del asesinato de Osama como un triunfo de los narradores o como un ejemplo de la tendencia a subestimar al espectador que tienen los medios si no fuera por las brutalidades a cielo abierto que se desencadenaron hace nueve años cuando comenzó la caza de Bin Laden.
Inmediatamente después de los atentados a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001 EEUU  y  su Coalición invadieron Afganistán para derrocar el régimen de los talibanes, que había cobijado a los terroristas impulsores del atentado y encontrar a Bin Laden.  Los talibanes fueron derrotados en pocas semanas.
 Más de nueve años después, los talibanes que intentan recuperar el poder y los 140.000 efectivos de EEUU, la OTAN y el gobierno afgano combaten entre sí por el control del territorio.
En medio de ese fuego cruzado están los civiles que son asesinados, torturados, acosados y forzados a dejar sus hogares por quienes los acusan de partidarios del gobierno y de los invasores extranjeros o por quienes los categorizan “terroristas”, insurgentes o directamente talibanes.
Según el último informe de  Afghanistan Rights Monitor2  sólo entre el 1 de enero al 31 de diciembre de 2010 hubo por lo menos 5.691 víctimas civiles (2.421 muertos y 3.270 heridos). En la primera mitad de 2010, ARM contó 2.574 víctimas civiles (1.074 muertos y 1.500 heridos), de las que 661 muertes se atribuyeron a los grupos armados de oposición; 210 muertes se achacaron a las fuerzas de EEUU y la OTAN, más de 150 muertes a las fuerzas armadas del gobierno afgano, las milicias y las empresas de seguridad privadas. Veintisiete muertes no pudieron atribuirse a ningún grupo identificado.

Y sobre todo para sí
El basquetbolista de Milwaukee Bucks, Chris Douglas Roberts, zafa del contexto y es contundente: “¿Esto es una celebración? ¿Estará dios contento porque celebras una muerte? Nos ha costado 916.967 muertes matar a un solo hombre. Nos ha costado unos 1.188.263.000.000 dólares matar ese tipo pero parece que ganamos”.
En la trama también tenemos un Obama desafiante que juega duro por la reelección.
 “Podemos hacer lo que nos propongamos. Podemos hacer estas cosas no por poder o ambición, sino por quién somos”, concluyó Obama, quien bendijo al pueblo estadounidense y, en silencio, se retiró de la conferencia de prensa.
Total impunidad.

1.http://www.uypress.netuc_15663_1.html , enlace directo a las columnas de Soledad Platero en uy.press
2.ARM (Afghanistan Rights Monitor) es una organización independiente de defensa de los derechos humanos con sede en Kabul. http://www.arm.org.af/


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