El posible Vázquez

El posible Baldi, de Juan Carlos Onetti, nos cuenta las feroces aventuras que podemos inventar cuando nos sentimos escuchados y admirados.

Pocas cosas provocan el descontrol del discurso como un público condescendiente y
expectante.
Los ojos de la audiencia se agrandan más y más y obligan a quién cuenta a llenarlos de verosimilitud improbable, sea el aborrecible Baldi que asesinaba negros en Transval, África del Sur, mientras trabajaba como guardián en las minas de diamantes o sea Vázquez contando su cercanía con el hombre más poderoso del mundo en ese momento, Bush, cuando trabajaba de presidente.
En ambos pasajes el tono es de amenaza, los héroes no tienen escrúpulos y por eso terminan siendo aburridos.
Baldi es intenso cuando acaricia el salario en su bolsillo y no cuando cuando le pregunta a la mujer a quien quiere impactar: “—¿No siente un poco de repugnancia? ¿Por mí, por lo que he contado? —(preguntó Balbi) con un tono burlón que suponía irritante.”
Por la misma razón Tabaré es más respetado por sus políticas para reducir la incidencia del cáncer enfrentando a las tabacaleras que por imitar el tono de voz de su ex colega Chávez frente a un grupo de adolescentes tardíos.
Los personajes grises son los que sobreviven el relato.
Escrito por Carlos Faguaga para Periscopio Nº190
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