Joaquín Torres García habla de Pablo Picasso, el primer apache de París

Decía un amigo mío en París, que todo se podía discutir, hasta Dios mismo; pero no Picasso. Tal es la sugestión que ese nombre ejerce, merced a que una crítica incesantemente lo está repitiendo con el fin de imponerlo… comercialmente. Sí, porque hay mucho de eso, aparte de que el mismo crítico, al fin, cae en la misma superstición de todos y, sin ya darse cuenta, ve maravillas en todo lo que a Picasso se refiere. Sus detractores (relativamente escasos) no hacen, por la otra parte, más que aumentar la gloria de este magnate de la pintura, pues ¿quién va a escucharles? Además, generalmente son pobres diablos (como Fosca o Mauclair) que, las más de las veces escriben patrioterismo, léase defensa de los valores nacionales y léase defensa de los valores nacionales y tradicionales de Francia. Porque ese hombre (el malagueño) debió nacer bajo buen signo en aquella tierra bendita de Andalucía, pues todo se sale bien. Hay que reconocer, por esto, que es maestro psicólogo y sabe tanto del arte de tratar gentes y de estrategias de toda suerte, como de pintar; y eso que del oficio…sabe horrores. Nada, que la fortuna quiso colmarlo con exceso.


A Picasso no se le discute, y debiera discutírsele y muy seriamente. No es todo oro lo que reluce, y, entre su obra, hay mucho de medio oro, y mucho de inspirado, y mucho de monstruoso. Es un prodigioso arlequín que, bajo los mil retazos de todos, desaparece. ¿Dónde está Picasso? A semejanza de alguno de sus cuadros cubistas, donde en vano se buscaría lo que reza el título de la obra, él así se esconde (a menos que no exista) porque difícilmente se le hallaría. A Picasso jamás le ha gustado le ha gustado ir solo, prefiere ir en compañía. Así tenemos a Picasso-Toulouse Lautrec, Picasso-Puvis de Chavannes, Picaso-Ingres, Picaso-Steinlen, Picasso impresionista, Picasso-Cézanne, Picasso-Miró, y Picasso fotografía, o vieja estampa, o salvaje de Oceanía o…lo primero que encuentra. Pues el lo dice: yo no busco, encuentro.


Pero, hay que reconocer y ser justo (y ahora no creo caer en la sugestión), hay que reconocer, digo, que es todo un pintor y que ha contribuído enormemente a sacar la pintura del mal camino para ponerla en la buena vía, que es por donde debía haber ido siempre. Fue, ya desde muchacho, de gran precocidad en asimilarse cualquiera manera de otro (enderezando siempre hacia los maestros) y aunque calcase sobre cualquiera, él ponía su sello personal. Lo que había, pues, es que siempre el punto de partida era algo ya hecho y no la realidad, y así ha sido en toda su vida hasta hoy. Lo vimos, ya entonces, cuando era casi un niño, en Barcelona, y lo vemos ahora, y es que ése es su genio especial. Por esto siempre hemos dudado de que fuese el primero que dio en el Cubismo, pues algo debió ver a través de una rendija, que otro hacía, y fue el punto de partida. Pero también pudiera ser que fuese él, porque es inquieto, y que una cosa siempre le inspira otra. Puede que fuera aquello que supuso Ozenfant, de que viendo un cuadro al revés, se le ocurrió, o quizás pastichando el arte negro. Ese es uno de los grandes misterios.


El parir de otros, y sobre todo de los movimientos en boga, le permitió no salirse jamás de lo que iba acreditando, y ahí en gran parte su éxito. Pero es el caso que, al imitar, lo hacía mejor que los otros, los superaba, y entonces forzosamente tenía que triunfar. Y es el caso del Cubismo; esperó que Juan Gris y Braque recibieran los primeros golpes del público y de los críticos. Después salió él. Hombre cauto.


Si Picasso se esconde en su pintura, no menos se esconde él mismo en el baluarte de su casa. Hoy es más fácil ver a un rey o al Papa, que a él. Eso sí, cuando encuentra a un amigo por la calle le ruega que vaya a verle, pero después la puerta no se abre. Y ese esconderse, excita más en todos la curiosidad, crea misterio en torno suyo, y con esto acrecienta su prestigio. Ya hemos dicho que era muy psicólogo.


Pero hay que ser justos también en eso, pues le gusta trabajar, y de no defenderse así, esto no le sería posible. Lo que   hay es que debiera ser más considerado con los amigos y hacer distinción.


A base de su obra (podría decirse mejor, de su nombre) se han montado negocios fabulosos, pero él se ha beneficiado y está rico. Hay marchand que al nombrarle se descubre… o casi. !Qué gran veneración tienen por él! Porque una palabra suya puede aniquilar o levantar una reputación. El sabe esto, que su palabra es de oro, y la pesa.


¿Un gran hombre? Lo he visto demasiado cerca para poder decirlo, pero, en todo caso, siempre un gran pintor, y no un pintor que se hizo, sino un pintor que vino hecho.


No corren parejas su obra grande de artista, con el hombre moral, que es deficiente. Pero eso quèdes ahì, pues es mejor no remover.


¿Quedará el nombre de Picasso? De esto no hay duda. Además, está   en el movimiento, y aun pasa por ser el iniciado, y éste debe quedar como el punto de arranque de toda una nueva plástica.


Un día le pregunté si realmente él había iniciado el Cubismo. Me respondió que Juan Gris, que sabía más de estas cosas, hubiera podido decírmelo. Esto se llama dar un quite con maestría. Y de éstos tiene a cientos.


Un día le pregunté que edad tenía. Dirigiéndose a Kahnweiler le preguntó: “¿se acuerda usted que edad tengo yo?” No es de extrañar que desde hace años, España sea gobernada por andaluces.


Otro día, una señorita le preguntaba cuál de sus obras apreciaba más. El respondió: “No distraer al conductor”. Y así siempre.


Por esto, un amigo mío decía de Picasso: “ha podido triunfar de los marchands, porque él es más comerciante que todos ellos. Además es el primer apache de París”. Y es cierto. ¡Bendita tierra en la que todo esto entra en juego, y se discute pintura, y se hace dinero con pintura! Hay quienes dicen que todos es bluff y mercantilismo. Error. Se hace dinero con eso, y está bien, pero no hay que negar los valores de la pintura, que son auténticos. Por ese lado la cosa va en serio. Y la mala fe, yo puedo asegurarlo, está más bien del   lado opuesto; del lado de los que, vanamente, tratan de ahogar el movimiento moderno. Picasso, Braque, Vlaminck, Utrillo, Léger, Matisse y muchos otros, quedarán como verdaderos maestros, y el afirmar esto ya es una tontería pues es demasiado evidente.


Agosto de 1936


Lección N72, en Universalismo Constructivo, de Joaquín Torres García. Ed. Poseidón, Buenos Aires 1944. Publicado el 11 de abril de 2003 en el número 701 del País Cultural de Montevideo.

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