Ilustrando bioinformática estructural

La dificultad de ilustrar notas de divulgación científica no está en interpretar temas que discurren en un contexto propio y considerado hermético; sino en que los que se dedican a la ciencia suelen tener más imaginación que los dibujantes.

Ahí te golpean con modelos tridimensionales de estructuras moleculares, viajes parados en un haz de luz y hasta las más encarnizadas luchas políticas a lo Kuhn.

¿Dibujar los modelos tridimensionales? No, los bastardos investigadores ya lo hicieron mejor.

Vamos a la nota y ésta suele recurrir a alguna anécdota o metáfora para acercarnos al núcleo de la historia. Ahí aparecen los copistas del medioevo oficiando de autómatas que trasmiten información.

¡Va por acá! Lo tiene todo, otra época, vestidos característicos. Ya lo veo, ejércitos de monjes que transcriben trazos que no todos entienden, alguno de ellos fuera de lugar, detalles para lucirse. Funciona perfecto salvo por el detalle de que el periodista ya lo contó mejor y pretender dibujarlo es arruinarle el placer al lector.

Soy perverso y si bien no puedo robar la metáfora, la legislación actual no prohíbe imitar el recurso. Tomo la biología como transferencia de información opto por contar el relato del interrogatorio y la persecución de las moléculas por parte del investigador encarnado en el detective policial.

Acá saco a Coltrane y pongo a Dyango, Roby Rosa y otros popes del romantomelódicointernacioal, por lo menos cuando dibujo tengo que ser el sujeto con más imaginación en mi pieza.

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Moléculas en la línea de reconocimiento

usual suspects

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No pude evitar jugar con la metáfora, es una joyita.

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